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¿Cómo viven las mujeres en Irán?, el país donde por ley valen la mitad que los hombres

Si su marido no está en capacidad de dar esta autorización, lo tiene que hacer su suegro o en su defecto los hermanos de su esposo. En su caso no tiene ni lo uno ni lo otro; la única opción posible que ella baraja ahora es el esposo de la hermana mayor de su pareja

publicado en 28 / Oct / 22

Indignación de miles de mujeres, especialmente jóvenes, por la muerte de Mahsa Amini el pasado 16 de septiembre ya había explotado en las calles de Teherán se quitaban el velo, lo ondeaban y se cortaban el pelo en protesta por los abusos de la policía de la moral y las políticas patriarcales de la República Islámica cuando el esposo de Mina fue trasladado al hospital con un ataque al corazón.

Lograron salvarle la vida, pero desde entonces está en coma.

Los médicos aseguran que es imposible predecir si algún día recuperará la conciencia, lo que representa un gran dolor para Mina, que además de tener que enfrentarse a la situación de ver a su marido en dicha situación, le abre un gran número de incertidumbres en su vida.

Una de ellas es si podrá continuar con sus viajes, necesarios para su trabajo. Su pasaporte está próximo a caducar lo que indica que en pocos meses no solo tendrá que sacar uno nuevo sino que tendrá que renovar también el permiso que según la ley le tiene que dar su marido para salir de Irán.

"Obviamente es horrible pensar que tu marido te tiene que dar permiso para sacar pasaporte o salir del país, pero terminas por asumir que es la ley", explica Mina que puntualiza que el nuevo escenario al que se enfrenta es aún más "humillante".

Si su marido no está en capacidad de dar esta autorización, lo tiene que hacer su suegro o en su defecto los hermanos de su esposo. En su caso no tiene ni lo uno ni lo otro; la única opción posible que ella baraja ahora es el esposo de la hermana mayor de su pareja con quienes tiene una relación infernal; no se hablan. Sus cuñadas nunca vieron con buenos ojos que ella fuera una mujer independiente que viajara continuamente.

"Él tendrá que acompañarme y firmar como si fuera mi protector. Ni siquiera mi hijo puede hacerlo", explica Mina cuya vida, igual a la de millones de mujeres en Irán, está determinada por una ley ante la cual valen la mitad. Esta figura queda en evidencia en los tribunales donde según la Sharia, o Ley Islámica, el testimonio de la mujer vale en muchas ocasiones la mitad.

Algo similare ocurre con las herencias. En el caso de que el marido de Mina muera, ella solo heredará una octava parte de lo que posea su marido. Un escenario que le recuerda la muerte de su padre dos décadas atrás cuando, por ley, ella heredó la mitad de lo de que recibieron sus hermanos varones.

Algunas de estas leyes están ligadas a la victoria de la Revolución Islámica en 1979 cuando las mujeres perdieron muchos de los derechos que habían ganado en décadas anteriores; entonces tenían una importante participación en la sociedad, incluido a nivel gubernamental y judicial.

Muchos aspectos de la vida de la mujer cambiaron, incluido la obligación para cubrirse el cuerpo según las llamadas reglas islámicas. El velo pero también la gabardina que cubre gran parte del cuerpo pasaron a convertirse en accesorios obligatoriospara cada mujer a partir de los 9 años.

Desde ese momento el pelo, brazos y piernas se esconden para siempre, al menos en la vida pública. De no cumplirlo pueden ser castigadas incluso con detenciones como sucedió con Mahsa Amini quien, como ha ocurrido con miles de iraníes en las últimas décadas, fue detenida por la llamada policía de la moral, o Gasht-e Ershad, por no ir vestida según los cánones islámicos.

¿Qué significa eso? Que el velo está muy caído; que la gabardina está muy abierta, muy corta o muy ceñida al cuerpo; que lleva un pantalón muy apretado o muy corto… En fin, tantas interpretaciones como policías hay en la calle.

Estas patrullas de la policía de la moral han atormentado la vida de las mujeres de grandes ciudades por décadas. A esto se suma la presión del Estado y sus cuerpos de seguridad que se han encargado de eliminar cualquier campaña por los derechos de la mujer y los niños.

La mayoría de las activistas que han intentado a lo largo de estas décadas luchar por los derechos de la mujer como Narges Mohamadi, Nasrin Soutudeh, Shadi Sadr, Jila Baniyaghoob están en prisión o han pasado por ella. La mayoría están hoy silenciadas y muchísimas otras, en el exilio.

Pero a pesar de esta presión las mujeres han ido ganando "grandes pequeñas" victorias en las últimas cuatro décadas. Algunas restricciones impuestas durante los primeros años de la República Islámica han desaparecido. El maquillaje, el esmalte de uñas, los velos y gabardinas de colores volvieron a ser parte de la vida de las mujeres… Incluso muchas iraníes, especialmente en las grandes ciudades, se dejan caer por completo el velo en la calle. El resultado: su cabellera al aire.

Esta tendencia ha pasado a ser aún más frecuente desde la muerte de Mahsa Amini en custodia policial; las calles de Teherán están llenas de mujeres que se han quitado el velo como señal de protesta.

Hoy muchos se preguntan si las autoridades, después de este periodo de gracia, podrán hacer que la regla vuelva a cumplirse al pie de la letra.

"Yo quiero que nos aprendamos a respetar; para mi está bien que una mujer vaya cubierta pero al mismo tiempo busco que se acepte que yo no quiero estarlo", explicaba Sara, economista de 23 años que sale a la calle descubierta. Es su manera de hacer un homenaje a Mahsa Amini, dice.

Las mujeres suman otras pequeñas victorias como poder pasar la nacionalidad a sus hijos -lo que era imposible hasta hace un par de años-, poder heredar terrenos; montar en bicicleta o conducir motos -siempre con el temor de ser capturadas, o entrar algunas veces a un estadio de fútbol. Aunque esto último todavía es extremadamente limitado.

Para entender estas victorias también hay que entender la complejidad de sociedad iraní que si bien es tradicional y religiosa, también es bastante contemporánea en muchos aspectos de su cotidianidad.

Esta situación tomó gran protagonismo después de la guerra con Irak en los 80 cuando decenas de miles mujeres urbanas y rurales quedaron viudas o con maridos parapléjicos y tuvieron que asumir un papel protagónico en sus familias.


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